RIESGOS INDUCIDOS POR EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA CONTAMINACIÓN MEDIOAMBIENTAL EN LA SALUD INFANTIL

Artículo realizado por Maite Pascual y Ana Pérez, del Comité de Medioambiente de la SENP

Contexto del problema

En respuesta a la solicitud del Ministerio de Sanidad y Consumo a las sociedades científicas, sobre las medidas para reducir la huella de carbono de los inhaladores presurizados que con frecuencia usamos en la población pediátrica, la SENP se ofreció a colaborar en cualquier actuación que se considerara para mejorar el medioambiente. Esto, junto a la última reunión mundial sobre el calentamiento global con todas sus actuaciones, desde el grupo de Medioambiente de la SENP apoyamos el trabajo que se está realizando desde las diferentes sociedades y, partiendo de una breve exposición actual y recordatorio previo, informar las líneas de actuación llevadas a cabo en diversos foros mundiales.

La preocupación sobre del cambio climático como determinante de los factores ambientales, y por lo tanto, de la salud de la población, ha cobrado especial relevancia dando lugar a numerosas estrategias sanitarias, tanto por las administraciones públicas de los diferentes países como por otros organismos internacionales. Se estudian los efectos que las temperaturas extremas, expresadas como olas de calor y de frio, la calidad del aire o del agua y la posible propagación de enfermedades y su efecto sobre la morbi-mortalidad de la población.

Según la OMS, la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de enfermedades como el paludismo, la desnutrición, y las transmitidas por el agua. Cabe destacar que España es especialmente vulnerable al cambio climático por su situación geográfica y también por sus características socioeconómicas.

La contaminación del aire constituye un grave problema de salud medioambiental, ya que puede provocar afecciones respiratorias y otros daños para la salud, pudiendo favorecer muchas de las principales causas de morbilidad y mortalidad en la población infantil1,2. La importancia sanitaria de la contaminación atmosférica y los efectos producidos por la misma dependen principalmente de los tipos de contaminantes presentes en la zona, niveles de concentración3,4, tiempo de exposición, la sensibilidad de los individuos receptores y de los posibles sinergismos entre distintos contaminantes. El pulmón es un órgano que tiene un largo período de desarrollo, desde el periodo fetalhasta la adolescencia; esto hace que los primeros años sean más susceptibles a la exposición a contaminantes5,6,7.

En el contexto de la contaminación ambiental como un fenómeno global, la atmosférica es una de sus expresiones más preocupantes8, tanto por su magnitud, como por los efectos deletéreos que provoca sobre la salud y la vida9, siendo perjudicial incluso a niveles de exposición muy bajos10,11.

Los resultados de los diferentes estudios muestran el alto impacto de la contaminación ambiental sobre la salud respiratoria, con incremento de la incidencia de numerosas enfermedades12,13 como el asma14, afectación del desarrollo neurocognitivo15,16, así como aumento de la mortalidad infantil: el 26% de las muertes atribuidas a esta causa son debidas a problemas respiratorios17,18.

La investigación y las pruebas científicas han puesto de relieve la fuerte relación entre el cambio climático, la contaminación ambiental y los efectos adversos para la salud de los seres humanos. En 2009, el informe de la Comisión de The Lancet y del Instituto del University College London para la Comisión de Salud Global destacó el cambio climático como la mayor amenaza para la supervivencia de la humanidad y advirtió que sus efectos sobre la salud afectarán a la mayoría de las poblaciones durante las próximas décadas, poniendo en riesgo la vida y el bienestar de millones de personas19. Estas advertencias han sido actualizadas más recientemente por la Academia Americana de Pediatría (AAP)20.

Los posibles efectos del cambio climático sobre la salud y sus efectos negativos relacionados, que han afectado a la población mundial durante los últimos años, han sido ampliamente estudiados21. Entre ellos, los fenómenos meteorológicos extremos y olas de calor22, el aumento de las zoonosis23, las enfermedades respiratorias debidas a contaminantes atmosféricos y aeroalérgenos24, la escasez de agua y la baja calidad nutricional de los alimentos, entre otros.

Además, un estudio reciente sugiere que no se puede ignorar la relación entre el cambio climático y la salud mental25, ya que los trastornos mentales son una de las principales enfermedades no transmisibles relacionadas.

¿Están los pediatras preparados para afrontar el reto?

Las sociedades europeas de Pediatría están muy preocupadas por la influencia del cambio climático y la contaminación ambiental en la salud infantil 26. Este comentario, redactado por el grupo de trabajo sobre pediatría social de la Asociación Europea de Pediatría/Unión de Sociedades y Asociaciones Nacionales de Pediatría Europeas (EPA/UNEPSA), analiza brevemente los importantes impactos del cambio climático en la salud y su relevancia para los niños.

Sería importante seguir concienciando a los pediatras y sanitarios, a las autoridades de salud pública y a la población en general, sobre esta cuestión clave para el futuro de la salud infantil y proponer áreas de actuación.Debemos seguir mejorando la formación de los pediatras en salud medioambiental, aunando esfuerzos para el abordaje colectivo de una de las mayores amenazas para la salud mundial del siglo XXI, tomando medidas preventivas frente a acciones posiblemente dañinas y aumentando la participación pública en la toma de decisiones.  Ciertamente, los pediatras estamos en condiciones de asumir un papel activo en el reconocimiento de enfermedades asociadas con el cambio climático, desarrollando sistemas de alerta temprana y mejorando estrategias en la prevención.

Efectos del cambio climático y la Contaminación ambiental en la salud infantil

Los profundos cambios demográficos, socioeconómicos e industriales que caracterizan la actual era de la globalización han influido directa e indirectamente en el medio ambiente27,28,29 Durante miles de años, el clima de la Tierra ha permanecido bastante estable, caracterizándose por una tendencia central templada y niveles atmosféricos estables de dióxido de carbono30. Sin embargo, desde principios del siglo pasado los niveles de gases, incluyendo el dióxido de carbono, el metano y otros gases de efecto invernadero han aumentado en asociación con los cambios en el clima y en otros sistemas terrestres. Si la emisión global de los distintos tipos de gases avanza con la misma intensidad que en las últimas décadas, los modelos predicen que a finales del siglo XXI el clima experimentará cambios significativos, incluyendo una profunda variabilidad meteorológica, aumento de la temperatura media mundial a 40, y una elevación del mar de 0,58 a 2 m31.

Paralelamente, la industrialización intensa de las últimas décadas ha traído efectos negativos, como el empeoramiento de la contaminación atmosférica, que sigue sin control32,33. Los eventos de contaminación ambiental se han relacionado cada vez más con enfermedades relacionadas con el aumento en la producción de alérgenos, las enfermedades infecciosas, las enfermedades respiratorias y cardiovasculares34,35.

La investigación sobre el cambio climático y la salud se concentran en el estudio de cómo sustancias químicas pueden interferir en la salud de los niños36. Un interés particular se ha centrado en los disruptores endocrinos37,38, ya que las pruebas experimentales de sus posibles daños sobre varios sistemas endocrinos y no endocrinos se ha acumulado a lo largo de los años39. Varios estudios han informado de enfoques metodológicos innovadores para definir mejor el nivel de riesgo específico, con el objetivo de clarificar las diferentes interpretaciones proporcionadas por toxicólogos y endocrinólogos40. Son especialmente preocupantes los informes que indican que la mayoría de las sustancias químicas estudiadas son capaces de atravesar la placenta41 y llegar al feto, causando posibles daños en muchos órganos y sistemas incluyendo el sistema nervioso central, y alteraciones epigenéticas que pueden favorecer diversas patologías más adelante en la vida y en la descendencia42,43: hasta el 90% de las consecuencias del cambio climático sobre la salud tienen lugar durante el período comprendido entre el nacimiento y la adolescencia44,45.

Es por ello que, sociedades científicas han llamado la atención sobre la importancia de establecer medidas de precaución eficaces para salvaguardar la salud a lo largo del desarrollo, y en particular en los periodos perinatal y postnatal46.

La importancia de promover la educación ambiental. Educación ambiental en pediatría

Como destacó el ex presidente de la Asociación Internacional de Pediatría, los pediatras desempeñamos un importante papel en la protección de los niños frente a los riesgos del calentamiento global47,48 y nos hemos comprometido con las estrategias que desde los sistemas de salud se realizan en la promoción de la resiliencia, ante la inestabilidad ambiental, promoviendo la educación ambiental, debiendo realizar esfuerzos para desarrollar actividades de formación básica y educación continua sobre salud ambiental, no sólo por parte de las instituciones educativas, sino también de organizaciones públicas o privadas, incluyendo organismos profesionales y asociaciones pediátricas. La información y los materiales didácticos relacionados con el cambio climático deben formar parte de los módulos de enseñanza sobre salud infantil global y cursos de libre acceso, así como en los programas de formación de residentes49.

A pesar de la importancia del cambio climático y la contaminación ambiental para la salud de los niños y los adolescentes, actualmente no existe una estrategia preventiva coordinada de forma efectiva a nivel mundial50,51. A veces, la información  descontrolada desde las redes sociales, supone un grave obstáculo para la concienciación sobre estos temas, siendo difícil  distinguir los mensajes adecuados. En Europa, la profunda diversidad entre los servicios de salud pública de sus 50 países también han dificultado el desarrollo de políticas comunes y ha reducido la capacidad operativa de las instituciones privadas dedicadas a la salud ambiental52,53. Son pocos los estudios dedicados a intentar modificar las conductas y los hábitos de los pacientes hacia el cambio climático54,55.

Conclusiones

  1. La gestión de los efectos del cambio climático y la contaminación ambiental sobre la salud requerirá un esfuerzo colectivo coordinado en el que participen las partes interesadas a todos los niveles, incluidos los sectores gubernamentales y de la sociedad civil y una estrecha colaboración entre muchas disciplinas académicas56,57
  2. Aproximadamente, dos tercios de todas las enfermedades prevenibles debidas al medio ambiente se producen en los niños, población especialmente vulnerable debido a su fisiología en desarrollo y a la exposición prevista a largo plazo58
  3. Los pediatras debemos tener una formación amplia en salud medioambiental59 y desempeñar un papel central en el esfuerzo colectivo para controlar una de las mayores amenazas para la salud del siglo XXI, adoptando medidas preventivas, explorando una amplia gama de alternativas a las acciones posiblemente perjudiciales y aumentando la participación pública en la toma de decisiones.
  4. Finalmente, los pediatras debemos adoptar una posición estratégica en el reconocimiento de las enfermedades asociadas al cambio climático, desarrollando sistemas de alerta temprana y estrategias de prevención, sobretodo de enfermedades agudas más frecuentes60,61.

RESÚMEN DEL ACUERDO DE LA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO (COPD26. GLASGOW, OCTUBRE 2021):

Documento en el que, entre otros puntos, destacamos:

  • El carbón, combustible fósil más contaminante, deberá ir abandonándose de forma gradual en los próximos años. Aunque el acuerdo no recoge plazos: aún hay muchos países que dependen en gran medida de este mineral para su desarrollo.
  • También deberán ir eliminándose las subvenciones a los combustibles fósiles, cuyo consumo ha sido señalado por primera vez como principal causante del cambio climático. El pacto, tampoco especifica tipo ni como se hará.
  • El Acuerdo de París (2015) establecía objetivos para evitar que la temperatura media global suba por encima de los 2 °C respecto a los niveles previos a la Revolución Industrial. El de Glasgow matiza que se hará lo posible para frenar ese calentamiento en 1,5°C. Para esto, las emisiones de gases de efecto invernadero deberán reducirse un 45 % antes de 2030.
  • La financiación de la adaptación climática en los países en vías de desarrollo era uno de los asuntos espinosos de la COP26. El acuerdo recoge que los objetivos que ya estaban establecidos para 2020 (100.000 millones de dólares anuales) deberán priorizarse. Hasta ahora no se han cumplido.
  • Regular a nivel global los mercados de carbono, aunque sin muchos detalles. Estos mercados son los que utilizan las empresas para negociar con sus derechos de emisión de gases de efecto invernadero y compensar su huella de carbono.

¿QUÉ SE ECHA DE MENOS EN EL ACUERDO?

Un acuerdo es mejor que ninguno. Sin embargo, la comunidad científica sigue preocupada por la falta de contundencia del pacto alcanzado en Glasgow. La Organización Meteorológica Mundial asegura que lo pactado no es suficiente para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 1,5 °C, aunque se diga lo contrario.

Las comunidades indígenas y países vulnerables consideran que las decisiones finales, sobre todo a nivel de financiación, no han tenido en cuenta su realidad: la urgencia de quienes viven en primera línea de los impactos del cambio climático y las necesidades de las ayudas son una urgencia para poder adaptarse al cambio climático.

Los colectivos indígenas han denunciado que han sido excluidos de la mayoría de negociaciones finales, a pesar de haber sido invitados a la cumbre de Glasgow. Como recuerdan desde la agrupación mexicana Futuros Indígenas, el 80 % de la biodiversidad global está en la actualidad en territorios indígenas.

LOS OTROS PACTOS DE GLASGOW

Sin embargo, la cumbre de Glasgow también ha servido para cerrar otros pactos multilaterales con un impacto potencial en la lucha contra el cambio climático.

  • Freno a la deforestación. En el primer día de la cumbre, el Gobierno de Reino Unido, anfitrión de la cumbre, impulsó una declaración para frenar la deforestación antes de 2030, sin reflejar acciones concretas. 148 países han firmado y se han comprometido a cumplirla.
  • Atención al metano. Estados Unidos y la Unión Europea llegaron a Glasgow con un pacto para reducir las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el CO₂, aunque de vida mucho más corta. Un total de 103 países, entre los que faltan China, Rusia e India, se han sumado a este pacto.
  • Fin a las centrales de carbón. De forma paralela al acuerdo final de la COP26, más de 40 países han acordado cerrar sus centrales térmicas de carbón entre 2030 y 2040.
  • Aceleración hacia la movilidad sostenible. Más de 30 países y seis grandes nombres de la industria de la automoción dejarán de vender coches y furgonetas que consuman combustibles fósiles antes de 2035. España y otros muchos estados de la Unión Europea no se han sumado a este acuerdo.

La COP26 no prometía ser la solución definitiva al cambio climático, sino un avance para encontrar soluciones a una crisis global. Algunos países y organizaciones ven pasos en positivo, mientras otros, han lamentado la falta de ambición y de soluciones reales. Hay quien mira ya a la COP27, que se celebrará en Egipto el año que viene, en busca de respuestas.

Y A MODO DE CONCLUSIONES,  LA COP26:

  1. Progreso insuficiente en la reducción de emisiones:

El Pacto Climático de Glasgow supone un progreso gradual y no el avance decisivo necesario para frenar los peores impactos del cambio climático. El Gobierno del Reino Unido, como anfitrión y por tanto presidente de la COP26, quería “mantener vivos los 1,5°C, el objetivo más fuerte del “Acuerdo de París”. Pero, en el mejor de los casos, podemos decir que el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C no se ha establecido aún.

  1. La puerta queda entreabierta para nuevos recortes en un futuro próximo:

El texto final del Pacto de Glasgow señala que los actuales planes climáticos nacionales, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), están lejos de lo necesario para alcanzar 1,5°C. También pide que los países vuelvan el año que viene con nuevos planes actualizados.

Según el Acuerdo de París, se necesitan nuevos planes climáticos cada cinco años. Por eso Glasgow, cinco años después de París (con retraso debido a la covid-19), era una reunión tan importante. Aplazar los nuevos planes climáticos al año que viene, en lugar de esperar otros cinco años, puede mantener los 1,5°C con vida durante otros 12 meses, y da a los activistas otro año para cambiar la política climática de los Gobiernos. También abre la puerta a solicitar nuevas actualizaciones de las NDC a partir de 2022 para ayudar a aumentar la ambición en esta década.

El Pacto Climático de Glasgow también establece que el uso del carbón debe reducirse progresivamente, al igual que las subvenciones a los combustibles fósiles. La redacción es más débil que la de las propuestas iniciales, ya que el texto final sólo pide una “reducción progresiva” y no una “eliminación” del carbón, ante la queja de la India por subvenciones “ineficientes”.

Esta es la primera vez que se mencionan los combustibles fósiles en una declaración de las conversaciones sobre el clima de la ONU. Se trata de un cambio importante, ya que por fin se reconoce que es necesario reducir el uso del carbón y otros combustibles fósiles para hacer frente a la emergencia climática. Por fin se ha roto el tabú de hablar del fin de los combustibles fósiles.

  1. Los países ricos siguen ignorando su responsabilidad histórica:

Los países en vías de desarrollo han pedido financiación para pagar las “pérdidas y daños”, como los costes de los impactos de los ciclones y la subida del nivel del mar. Los pequeños estados insulares y los países vulnerables al clima afirman que las emisiones históricas de los principales contaminadores han provocado estos impactos y que, por tanto, la financiación es necesaria.

Los países desarrollados, liderados por EE.UU. y la UE, se han resistido a asumir cualquier responsabilidad por estas pérdidas y daños, y han vetado la creación de un nuevo fondo de pérdidas y daños, una forma de apoyar a las naciones vulnerables, a pesar de que la mayoría de los países lo reclaman.

  1. Agradecimiento a los activistas del clima por los avances conseguidos y su papel futuro:

Está claro que los países desarrollados se están moviendo con demasiada lentitud y  han tomado la decisión política de no apoyar un cambio radical, tanto en las emisiones de gases de efecto invernadero como en la financiación para ayudar a los países de bajos ingresos a adaptarse al cambio climático, dejando atrás la era de los combustibles fósiles.

Los defensores del clima y otras organizaciones están presionando mucho: en Glasgow hubo numerosas protestas, que han superado ampliamente las cifras previstas. Se espera que haya más acciones enfocadas a la financiación de proyectos de combustibles fósiles, ya que los activistas quieren reducir las emisiones privando a la industria de capital.

Sin estos movimientos que presionan a los países y a las empresas, incluso en la COP27 de Egipto, no frenaremos el cambio climático ni protegeremos nuestro planeta.

 


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