MEDIOAMBIENTE Y SALUD. CUIDANDO NUESTRA TIERRA

MEDIOAMBIENTE Y SALUD. CUIDANDO NUESTRA TIERRA

Autores: Grupo de Trabajo de Tabaquismo y Medio ambiente de la SENP

Hace 50 años la ONU estableció el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente. Con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la importancia de garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales. Este año, el lema elegido ha sido «Una sola Tierra» y el país anfitrión Suecia. La obviedad ilustra de excelente manera que en este medio siglo no hemos sido capaces de comprender esta idea: consumimos, producimos y vivimos sin respetar los límites del planeta.

Durante este tiempo hemos conseguido avances: una mayor concienciación medioambiental en nuestras sociedades, tratados internacionales como el Acuerdo de París y el desarrollo de estándares de protección para reconocer el valor y proteger nuestros ecosistemas. Pese a todo, nuestro medioambiente se está deteriorando a pasos agigantados: el conjunto de medidas aprobadas, los plazos y el carácter voluntario de una gran mayoría de los acuerdos son insuficientes. La comunidad científica coincide en que con los acuerdos conseguidos el mundo se dirige al menos a un calentamiento de entre 2,4 y 2,7 °C, si no más, muy por encima del umbral crítico de 1,5 °C aceptado y su implicación en la salud es obvia.

Los grandes cambios relacionados con la atmósfera y el clima, incluido el calentamiento global inducido por la actividad humana, tienen un gran impacto en la biosfera y el medio ambiente humano, incluso en la calidad nutricional de los cultivos de cereales y, en definitiva, sobre la salud de las personas.

Es una realidad que la contaminación del aire constituye un grave problema de salud medioambiental, ya que puede provocar afecciones respiratorias y otros daños para la salud, pudiendo favorecer muchas de las principales causas de morbilidad y mortalidad, sobretodo en la población infantil1. La importancia sanitaria de la contaminación atmosférica y los efectos producidos por la misma dependen principalmente de los tipos de contaminantes presentes en la zona, niveles de concentración, tiempo de exposición, la sensibilidad de los individuos receptores y de los posibles sinergismos entre distintos contaminantes.

Los componentes más abundantes de la contaminación en áreas urbanas con altos niveles de tráfico de vehículos son las partículas suspendidas en el aire: el dióxido de nitrógeno y el ozono, que por su pequeño tamaño pueden afectar a las ramificaciones terminales y lesionar. Además, la temperatura de la tierra está aumentando, principalmente como resultado de factores antropogénicos: la quema de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero del suministro de energía, el transporte, la industria y la agricultura, alterando la concentración y distribución de los contaminantes del aire interfiriendo con la presencia estacional de pólenes alergénicos en la atmósfera al prolongar estos períodos, ocasionando a la vez una respuesta más grave mediada por inmunoglobulina E a los aeroalérgenos y la inflamación de las vías respiratorias podría explicar el aumento de la prevalencia de enfermedades alérgicas en áreas urbanas contaminadas.

La contaminación del aire es responsable de un gran número de muertes y de una mayor incidencia de enfermedades respiratorias, tanto en adultos como en la población infantil. Según la Organización Mundial de la Salud2, 4.6 millones de personas mueren anualmente por enfermedades directamente relacionadas con la mala calidad del aire. Las muertes asociadas a la contaminación del aire incluyen, entre otras, asma, bronquitis, enfisema, enfermedades respiratorias, cardíacas y alérgicas3. Muy probablemente más de las muertes que esta ocasionado la COVID-19.

La incidencia de enfermedades respiratorias alérgicas y asma bronquial parece estar aumentando en todo el mundo, y las personas que viven en áreas urbanas experimentan estas afecciones con más frecuencia que las que viven en áreas rurales. Una de las causas del aumento de la morbilidad asociada con las enfermedades respiratorias alérgicas es la mayor presencia de contaminantes del aire exterior como resultado del consumo de energía más intenso y las emisiones de escape de vehículos de motor4. La contaminación del aire urbano es ahora un grave peligro para la salud pública: los estudios de laboratorio confirman la evidencia epidemiológica de que la contaminación del aire afecta negativamente la función pulmonar también en los asmáticos. El daño a las membranas mucosas de las vías respiratorias y el deterioro de la limpieza mucociliar causado por la contaminación del aire pueden facilitar el acceso de los alérgenos inhalados a las células del sistema inmunitario, promoviendo así la sensibilización de las vías respiratorias.

Por otra parte, la contaminación del aire parece que también ha podido exacerbar la severidad de los síntomas de la infección por COVID-19 incrementando el riesgo de mortalidad, tal y como se desprende de la bibliografía consultada, aunque aún habrá que esperar estudios contrastados5. Aunque ya en el periodo de cuarentena vivido a nivel mundial por la COVID-19 hace dos años, se pudo comprobar la disminución del número de muertes prematuras esperadas por la contaminación del aire6, por lo que la reducción de la contaminación del aire en sí misma tiene beneficios positivos en la reducción de enfermedades prevenibles no transmisibles7.

Es necesario aplicar medidas más eficientes para reducir los impactos futuros del cambio climático actual en nuestro planeta, pero mientras que las emisiones globales continúen aumentando, también será necesaria la adaptación a los impactos de la variabilidad climática futura.

Los médicos y todos los profesionales sanitarios debemos abanderar medidas destinadas a combatir el cambio climático, tomando una postura proactiva en la descarbonización de la sanidad, para disminuir el número de enfermedades sin desestabilizar al paciente con patología crónica, implicando a toda la sociedad. Y como publica The Lancet, el cambio climático es el mayor reto en salud del siglo XXI.

Bibliografía

  1. Pacheco SE, Guidos-Fogelbach G, Annesi-Maesano I, Ruby Pawankar R,  Gennaro D’ Amato  G, Latour-Staffeld   P, Marylin Urrutia-Pereira    M,  Kesic   MJ, Hernandez Climate change and global issues in allergy and immunology. 2021 Dec;148(6):1366-1377. doi: 10.1016/ j.jaci.2021. v10.011. Epub 2021 Oct.
  2. Wright RJ. Influences of climate change on childhood asthma and allergy risk Lancet Child Adolescent Health. 2020Dec; 2020 Dec;4(12): 859-860. doi: 10.1016/S2352-4642(20)30315-1.
  3. Bonato M, Gallo E, Bazzan E, et al. Air Pollution Relates to Airway Pathology in Children. Ann Am Thorac Soc 2021 Dec;18(12):2033-40. doi: 10.1513/AnnalsATS.202010-1321OC.
  4. World Health Organization. Ambient (outdoor) air quality and health. Fact sheet N°313. World Health Organization 2018; [consulted 01-05-2020]. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ambient-(outdoor)-air-quality-and-health.
  5. Sunyer J, Suades-González E, García-Esteban R, Rivas I, Pujol J, Alvarez-Pedrerol M et al. Contaminación del aire relacionada con el tráfico y atención en niños de primaria: Asociación a corto plazo. 2017;28(2):181-189.
  6. Wu X, Nethery RC, Sabath BM, Braun D , Dominici F. Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States: A nationwide cross-sectional study. doi: https://doi.org/10.1101/2020.04.05.20054502.
  7. Pérez-Aragón A, Lacasaña M. Efecto de la pandemia de COVID-19 en la calidad del aire: Impacto en la salud respiratoria. 2020, En: https://www.easp.es/web/coronavirusysaludpublica/efecto-de-la-pandemia-de-covid-19-en-la-calidad-del-aire-impacto-en-la-salud-respiratoria/.
  8. AMCC Alianza Médica contra el Cambio Climático. Consejo General de Colegios de Médicos de España https://www.cgcom.es/sites/default/files/salud_cambio_climatico_cgcom.pdf

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